La Lectio divina se puede traducir como lectura divina, es una práctica tradicional de la Iglesia Católica para un encuentro personal con Dios a través de la lectura orante de las Escrituras, como también lo es el Santo Rosario en el que meditamos los misterios de Cristo.
Originaria de los monasterios, esta forma de oración combina lectura, meditación, oración y contemplación, llevando a los fieles a un diálogo profundo con la Palabra de Dios y al crecimiento en la vida espiritual. Lectio divina es un método de oración que combina lectura, meditación, oración y contemplación; a medida que uno lee e invita a la Palabra de Dios a que se convierta en una lente que transforme y enfoque los acontecimientos de la vida diaria, uno puede vivir más profundamente y encontrar más fácilmente la presencia de Dios en los acontecimientos diarios. De esta forma "pasar del evangelio a la vida y de la vida al evangelio", como nos invita San Francisco de Asís.
¿Por qué esa importante la Letio Divina?
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Encuentro Personal con Dios: La Lectio Divina es una oportunidad para escuchar la voz de Dios de manera íntima y directa, permitiéndole hablar al corazón a través de las Escrituras.
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Transformación Interior :Al reflexionar sobre la Palabra de Dios, el católico está llamado a ajustar su vida a las enseñanzas de Cristo, promoviendo una verdadera conversión del corazón.
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Crecimiento en la fe: Esta práctica fortalece la fe, ayudando a integrar la vida espiritual y la vida cotidiana.
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Unión con la Iglesia: Meditar la Palabra de Dios une a los fieles a la Iglesia universal, que proclama y vive esa misma Palabra.
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Preparación para el Apostolado: La Lectio Divina inspira a los cristianos a vivir y dar testimonio de su fe en el mundo, guiados por la sabiduría divina.
Consejos prácticos:
Considera lo que Dios le dijo a Josué “Recita siempre el libro de la ley y medita en él de día y de noche; cumple con cuidado todo lo que está escrito en él. Así prosperarás y tendrás éxito” (Josué 1:8), e intenta
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Dedicar de 15 a 30 minutos aislado en una habitación tranquila y libre de distracciones. Ponte cómodo, pero no tanto que tengas problemas para permanecer despierto.
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Utilizar una vela o un icono sagrado para ayudar a crear un ambiente de oración.
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Hacer una pausa entre los pasos para absorber el mensaje de cada uno.
El silencio externo no es la única forma de tranquilidad que necesitas para tu tiempo de meditación. Debes dejar de lado tus dudas, miedos y otros pensamientos distractores para hallar paz interior. No te sientas culpable si al inicio piensas en tus problemas del día, pero tampoco permitas que tu mente permanezca ahí. Tan pronto como notes que tus pensamientos empiezan a desviarse hacia tu ansiedad u otras preocupaciones, toma un momento para descansar y regresar tu atención hacia Dios de manera consciente. También puedes orar en ese momento para recuperar tu concentración.
No asumas que una sesión de Lectio Divina hará que sea más sencillo vivir conforme a la Palabra de Dios por el resto de su vida. Esto requiere disciplina, por lo que tendrás que esforzarse de manera continua e intencional para poder cosechar sus frutos.
Luego de invocar al Espíritu Santo, sigue los siguientes pasos para realizarla

Leer
¿Qué dice el texto?
"Habla señor que tu siervo escucha" (1Sam 3:10)
En primer lugar, leo en la Biblia el texto lenta y tranquilamente para descubrir lo que Dios me quiere enseñar a través de ellos, tengo presente que es a Dios a quien busco y me doy por completo a esta experiencia, para alimentar mi alma con este pan de vida; por ello con curiosidad y atención en cada matiz, en cada detalle me saboreo.
Al nivel más básico, uno se pregunta: ¿Qué sucede en esos pasaje?. A veces, conviene leer la explicación en la propia Biblia para entender mejor el contexto y buscar palabras desconocidas en un diccionario.
Releo tanto como necesite o desee hacerlo; puedo, cuando me convenga, leer en voz alta y enfatizar distintas partes con mi tono de voz. Tomo notas del contenido resumiendo las ideas y pensando realmente en las palabras que leo; quizá resaltar o subrayar el texto, o escribir notas al margen de la página pueda serme útil, pero también debo tener un cuaderno especial para tomar notas más detalladas.

Meditar
¿Qué me dice Dios?
"Toda escritura es inspirada por Dios y ùtil para enseñar, refutar, corregir, instruir en justicia" (2 Tm 3,16)
Luego de ingerir el pan de vida, este es el momento de "masticarlo" para obtener todo el provecho que pueda contener, comprendiendo más allá de lo escrito. La palabra de Dios, no solo es buena, es real y hermosa; también, es edificante y salvífica y nutre nuestra vida diaria iluminando nuestras decisiones y acciones. En este punto, veo lo que Dios quiere darme a conocer en este pasaje y su relación con algún suceso o experiencia de su vida; entender lo que significa ella en mi vida, ¿qué me dice Dios en este texto?, es el propósito es esta etapa.
Esta implica concentrarse y pensar en la verdad de Dios, para así: ver, oír, sentir, oler, palpar todo lo que la escena nos presenta en la lectura; es vivir en la misma, como un actor más, haciendo de este bello y eficaz ejercicio, una acción participativa de las vivencias y misterios que Dios nos muestra, para que le contemplemos en sus atributos, de bondad, mansedumbre, caridad, justicia, misericordia. También ayuda investigar acerca del contexto cultural, lee otros versículos de tema similar.
Si bien el lugar debe ser silencioso y tu corazón debe estar calmado, no temas pensar en voz alta. Hablar sobre el pasaje puede ayudarte a procesar la información y descifrar sus misterios de manera más efectiva.
Parafrasea los pasajes que leas con tus propias palabras pero no olvides mantener el significado de la Palabra de Dios al hacerlo. La idea no es cambiar o modificar la verdad, sino comprenderla mejor con palabras que te sean más familiares.
Adicionalmente, en cualquier momento del día, podemos intentar recordar algo de lo que hemos leído y reflexionar en ello repetidas veces.

Orar
¿Qué quiero decir a Dios?
"En eso reside la confianza que tenemos en Él: en que si le pedimos algo según su voluntad, nos escucha." (1 Jn 5:14)
Después dirigirse a mi, con la lectura y meditación del texto, Dios me escucha. Es el momento de hablarle, de responder humilde y reflexivamente a su mensaje. Haré peticiones adecuadas a la voluntad divina. Uso mi oración para decirle, con honestidad, al Señor cómo me siento al respecto de lo que me ha dicho y he reflexionado.
Mi oración puede tomar diferentes formas: adoración o alabanza, acción de gracias, petición (imprecación), acto de contrición o expiación....

Contemplar
¿Qué camino me muestra el Señor?
"Muéstrame tu rostro, déjame escuchar tu voz; porque tu voz es dulce y tu rostro encantador" (Cantar de los Cantares 2:14)
En esta fase elevo mi alma hacia quien ella tiende y busca: Dios. He escuchado la palabra, la medité y le respondí a Dios y en ese intercambio estoy ante su presencia. Ahora, intento detallar cuál es la voluntad de Dios que se expresa en el texto y trato de alinearme con ella de modo que pueda sentir lo que Él siente en cierta medida; olvidándome de mi mismo, en un silencio profundo, abro mi corazón para tener la única intención de que se haga su santa voluntad y me pregunto ¿cómo cambia mi perspectiva lo que el Señor me enseña?
Ahora estoy listo para recibir la presencia amorosa de Dios dentro de mi. Esto es un regalo que puedo recibir o no; en el primer caso, sentiré y agradeceré la alegría y la paz que se me da; pero no recibirla seguiré con el corazón abierto, en disposición de acogida, invitando a Dios a hacer de mi corazón su hogar, sin desanimo creceré en humildad, paciencia y fe.
Por último, pido la intersección de la Virgen, madre y discípula del Verbo rezando un Ave María.

Actuar
¿Qué cambios debo efectuar?
“Así también la fe por sí sola, si no tiene obras, está muerta” (Santiago 2:17)
Una vez que comprendí la profundidad y el significado del pasaje en el cual medité, es momento de ponerme en acción. Evalúo mi vida y determino cómo puedo aplicar lo que acabo de aprender de la Palabra de Dios en mi propia conducta y mis perspectivas. Inmediatamente, haré los cambios necesarios.
Puedo finalizar diciendo como San Francisco: "¡Oh alto y glorioso Dios, ilumina las tinieblas de mi corazón. Dame fe recta, esperanza cierta y caridad perfecta, sentido y conocimiento, Señor; para que cumpla tu santo y veraz mandamiento"
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén
